BITÁCORA DE UNA QUIMERA

Un registro analógico de mis obsesiones y delirios, sueños rotos y realidades distorsionadas.
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junio 23, 2026

Registro 002: Leyes oníricas

 Mirando fijamente a través de la profunda oscuridad, permanecí allí mucho tiempo, maravillado, temiendo, dudando, soñando sueños que ningún mortal se había atrevido a soñar antes. - Edgar Allan Poe

Las calles de Madrid siguen calcinadas —el verano es algo eterno— y derretidas por el brillante sol que se va escondiendo, pero es tras mi ventana donde las apariencias finalmente descansan.

El día encarna la tiranía del bullicio, las obligaciones impuestas, las carreras sin rumbo; es una amalgama de momentos que nos impiden escuchar nuestros propios pensamientos. Cuando el reloj acaricia la madrugada, es cuando logramos apagarnos y desdibujarnos con los sueños; es cuando la ciudad al fin se enmudece y ocurre la verdadera metamorfosis... mientras que el mundo corriente se sumerge en los brazos mullidos de Morfeo,  yo por fin logro despertar.

El silencio que inunda mi habitación no está ausente de vida, más bien es un precioso lienzo en penumbra donde mis sombras cobran sentido, donde los pensamientos agazapados por fin tienen permitido respirar y salir.

Permanecer despierta hasta las cinco de la madrugada, bajo la fría luz de mi pantalla, no es para mí percibido como un castigo biológico, porque sé que es ahí mi momento más lúcido del día. El insomnio, en esta bitácora, es concebido como un laboratorio de experimentación. Durante el día, nos vemos obligados a embutirnos las máscaras conductuales para encajar en las absurdas dinámicas sociales y a consumir la información regurgitada de los algoritmos; sin embargo, la noche opera bajo sus propias leyes oníricas. El cansancio acumulado en los párpados no me adormece la mente, más bien actúa como un ácido corrosivo que disuelve mi ego. En este aislamiento, la previa fatiga matinal se transforma en la lucidez descarnada, es aquí donde el cerebro se ve forzado a procesar pensamientos obsesivos, a mirar de frente a los terribles fantasmas del pasado y a diseccionar los delirios que la luz del sol nos exige sepultar bajo el asfalto.

No es casualidad que este espacio lleve por nombre la bitácora de una quimera. Las quimeras (esos seres mitológicos construidos a partir de retazos inconexos) somos criaturas esencialmente nocturnas. Mis juicios clandestinos, mis lecturas impregnadas de existencialismo y los ritmos tan pesados que me encantan, jamás podrían coexistir bajo la punzante lógica del día. Si quisiera exponer mis fragmentos a la mirada pública normie, probablemente se disolverían instantáneamente como lluvia en una alcantarilla. La quimera necesita la penumbra de una habitación silenciosa y la luz artificial para cobrar vida.

El insomnio, por tanto, se despoja aquí de su etiqueta de anomalía clínica, es más bien una trinchera sagrada elegida de forma consciente. Quienquiera que haya ido a parar a este rincón digital, sean bienvenidos y bienvenidas a habitar la vigilia aquí a mi lado. Apaga las luces, sumérgete en el silencio de la noche y deja que te envuelva. Nos vemos en las sombras.


-Lilith